Empiezo este año con varias cosas y preguntas un poco duras que tenía acumuladas y guardadas para algun momento no necesariamente especial sino más bien para un momento como... éste... un momento de reflexión...
¿Porque será que a veces nos cuesta tanto respirar?... ¿Será que nos olvidamos de hacerlo o es que sencillamente no queremos?… Es que considero que para poder vivir tenemos que hacer cosas tan sencillas que ni siquiera las consideramos importantes… ¿Será que acaso somos tan ciegos para no querer ver?... Es que sólo en nuestro país podemos pasar todo el tiempo quejándonos de crisis e inflación, pero nunca dejamos de festejar nuestras fiestas, tradiciones, carnavales, etc.…. etc.… etc.… “somos uno de los países más pobres…” … es cierto, estoy de acuerdo, pero no por falta de recursos, ni de empleo, ni empresas o inversiones, sino por la ausencia (ni siquiera podemos decir deficiencia porque realmente no tenemos) de valores, principios hábitos positivos y constructivos, consciencia, unión y unidad, solidaridad, humildad.... Pero claro, lo más fácil siempre resulta apuntar con el dedo a los demás:”…el gobierno es incapaz de…”, “…la alcaldía debería…”, “…la prefectura se olvido de…”, “…que el técnico de la selección…”, “…que la profesora…”, “…es que mi docente…”, “...es que mi jefe…”, y nos podemos cansar de dar ejemplos en todas las áreas y situaciones posibles, pero me pongo a pensar y digo: ¿Acaso habrá un día en que la gente deje de quejarse de todo y/o criticarlo destructivamente? ¿Será que algún día vamos a poder aplaudir a alguien porque de verdad se lo merece y no sólo porque este en nuestro partido político o en nuestro equipo de futbol o porque es mi amigo o amigo de un amigo de mi amigo? ¿Será que alguna vez podemos reconocer y valorar a las personas por el esfuerzo y empeño que le ponen al trabajo y no sólo juzgarlos por los resultados inmediatos? ¿Será que podemos mirarnos al espejo y saber reconocer y aceptar lo que somos, lo que no, lo que podemos y lo que no, cómo actuamos y cómo deberíamos actuar? ¿Es tan difícil mirarse al espejo y decirse así mismo la verdad?
Pero siempre será fácil apuntar con el dedo y esperar a que alguien venga a solucionar nuestros problemas, que por cierto, nosotros mismos causamos. ¿Qué tipo de héroe tendría que venir a salvarnos?… Porque ni juntando a todos en uno sólo magnifico y con todos los súper poderes podríamos con la enfermedad de la gente, y la llamo enfermedad porque a ratos no solo parecería que se heredara de los malos hábitos de nuestros padres, sino que también se contagia en todos los lugares, entre amigos, en el trabajo, hasta en los deportes.
¿Y si el mismo Dios (sea como sea que lo llamen en otras religiones) bajase a la tierra para decirnos: “BASTA”? ¿Lo escucharíamos? ¿Bajaríamos las “armas” y nos daríamos la mano pidiendo perdón?... es que a ratos veo la situación en el país, no solo la política, sino la que se vive en el día a día en las calles, colegios, universidades, en cada uno de los rincones y todavía no entiendo si existe algo o alguien a quien respetemos todos los bolivianos, porque ya no tienen peso las leyes, ni las religiones ni los principios morales que siempre nos han enseñado, ni si quiera los árbitros deportivos tienen autoridad sobre los partidos, a ratos parecería que no existe la policía, y que las personas mayores mejor preparadas (antes llamados Sabios) son los últimos en ser si quiera escuchados pues ni siquiera los consideran.
Señores, creo que ya es hora de “ponerse la mano al pecho” “pensar con la cabeza fría” y aprender a ser honestos, primero con nosotros mismos, apuntando el dedo al espejo, antes de hacer responsables a los demás, despojándonos de los comentarios, las noticias, el pasado y todo lo que siempre a influido en nuestras opiniones, para poder mirar la realidad, que solamente va a cambiar cuando todos juntos lo decidamos, ya que está en cada una de nuestras manos. Creo que hemos llegado a extremos donde la intolerancia se ha materializado en violencia hasta en el trabajo, en las canchas de futbol, entre vecinos de barrio, o en las escuelas, y estamos dejando que llegue mucho más lejos al dejar que nuestros niños crezcan creyendo que todo esto es normal. Tenemos que empezar a cambiar cada uno de nosotros para poder revertirlo. Es hora de aprender a perder y a ganar, a reconocer y valorar, a construir y no envidiar, a perseverar antes de reclamar, a caminar antes de correr, … es hora de cambiar… pero cambiar de verdad.
*Imagen: Vania Lara
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